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La credencial |
La compostela |
Los albergues |
El material |
Los problemas físicos |
Algunos consejos
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La credencial |
La credencial del peregrino es un
documento que se entrega a los peregrinos que quieren recorrer el
camino a pié, en bicicleta o a caballo, y es necesario para
tener acceso a los albergues y para obtener la compostela. Se
puede solicitar con antelación en cualquier asociación
de amigos del camino o bien en la parroquia de nuestra
población. También se entrega en algunos albergues de
localidades donde es habitual empezar el camino, como
Roncesvalles, Montserrat, Logroño, etc. Ya en el camino,
este documento sólo tendrá validez si está
debidamente datado y sellado. Por lo tanto, a lo largo de
recorrido hemos de solicitar que nos pongan el sello y la fecha
allí donde pernoctemos.
Credencial
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La compostela |
Ya en Santiago, la oficina de
atención al peregrino nos expedirá la compostela si
hemos hecho los últimos 100 km a pié o 200 en
bicicleta. Se trata de un documento centenario que acredita haber
realizado el camino. Hay dos tipos de compostela, según si
el camino se ha hacho con motivaciones religiosas (bajo pietatis
causa) o no. En algunas ocasiones, presentando la compostela se
pueden conseguir descuentos en el precio del billete de vuelta en
avión.
Compostela
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Los albergues |
La mayor parte de los albergues son para
uso exclusivo de los peregrinos que van a pié, en bicicleta
o a caballo, y es necesario presentar la credencial del peregrino
para tener acceso a ellos. Hay dos tipos de albergues. El primer
tipo son los albergues públicos, donde se incluyen tanto los
que dependen de una administración pública
(ayuntamiento, comunidad autónoma....), como los que
dependen de alguna entidad religiosa (parroquia, comunidad....),
como los que están administrados por alguna asociación,
junta vecinal, etc. El segundo tipo son los albergues privados,
los cuales son propiedad de un particular. Cada albergue, tanto
si es público como privado, tiene sus peculiaridades,
características y normativas de funcionamiento propias.
En
general, las plazas se asignan por orden de llegada, con
preferencia para los que van a pié. En principio, sólo
se permite pernoctar una noche, aunque se hacen excepciones en
casos justificados. La mayor parte de los albergues públicos
no admiten reserva, al contrario que la mayoría de los
albergues privados. En algunos albergues públicos sólo
se pide un donativo voluntario el cual se destina a cubrir los
gastos de limpieza y mantenimiento, mientras que en los
demás el precio suele situarse entre los 3 y los 6 euros. En
los privados, el precio habitual suele estar entre los 6 y los 10
euros.
Casi todos los albergues disponen de lavabos, duchas con
agua caliente y espacios para lavar la ropa y tenderla. Algunos
tienen una cocina con enseres a disposición de los
peregrinos. Cada día es más frecuente que también
dispongan de lavadora y secadora (servicios de pago), y de acceso
a internet. Hay albergues bastante modestos, pero debemos tener
presente que son el fruto del trabajo desinteresado de muchas
personas con el único objetivo de servir y dar descanso a
los peregrinos.
Albergue de Pola de Allende, en el Camino Primitivo
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El material |
Las botas. Obviamente, en un viaje a pié, éste es el elemento material al que más atención hemos de prestar. Las más adecuadas son las denominadas botas de trekking, ligeras, de caña alta para proteger el tobillo e impermeables al agua. De todas formas, hay peregrinos que prefieren andar con calzado de senderismo de caña baja o incluso con unas simples zapatillas deportivas. En este último caso, la lluvia, el barro y los fuertes desniveles pueden ponernos en apuros. Está claro, eso sí, que nunca las hemos de estrenar el mismo día en el cual empezamos el Camino, sino que debemos haber hecho muchos kilómetros con ellas.
La mochila. Debe tener entre 40 y 55 litros de capacidad. Debe ser anatómica y de altura regulable para adaptarla mejor a la espalda. Debemos disponer las cosas de tal forma que las más pesadas estén en la parte baja de la mochila, y separarlas en bolsas de plástico que no hagan ruido al cogerlas, dado que puede molestar a los compañeros del albergue. También nos será más cómodo tener la cantimplora y la cámara fotográfica a mano, pues así no deberemos descargar y cargar la mochila innecesariamente cada vez que queramos beber o hacer una fotografía.
La ropa. Dos mudas para andar y otra para después de la ducha es suficiente. En épocas de calor, las camisetas térmicas de verano son mejor que las clásicas camisetas de algodón, pues son muy ligeras, transpirables y no retienen la humedad. En invierno es necesario llevar ropa de abrigo y en verano no debemos olvidar llevar un polar delgado.
El saco de dormir. En verano con uno de +15 (grados de confort) es suficiente. Algunos sólo pesan 700 gramos. Para otras épocas del año necesitaremos uno de +10 o +5, que no supere el kilo de peso.
El bordón. Es, junto con la vieira, el elemento simbólico más significativo vinculado al hecho de la peregrinación. Además, es muy útil tanto para acompañar el paso como por tener un punto más de apoyo en las bajadas. Por el tipo de camino que encontraremos, el más adecuado es el tradicional bastón de madera respecto el más moderno palo de montaña de tipo telescópico.
Para la lluvia. La mayoría de los caminantes llevan una capa impermeable (el conocido poncho) que también cubre la mochila, pero resulta incómodo si sopla el viento. Otra posibilidad es llevar una chaqueta y unos pantalones impermeables y un protector impermeable para la mochila. Incluso es una buena idea llevar un pequeño y ligero paraguas.
Para el sol. Es imprescindible llevar un sombrero o una gorra con visera y crema de protección solar.
Para el frío y el viento. Además de la ropa adecuada, no debemos olvidar llevar alguna prenda para proteger la cabeza. Según la época del año, también llevaremos una bufanda y uno guantes.
Otro calzado. Es recomendable un calzado cómodo para descansar una vez finalizada la etapa.
La esterilla. La esterilla, o aislante de caucho, nos será útil si alguna vez tenemos que dormir en el suelo. Y también para descansar o hacer una siesta en el campo.
Para la ducha. Chancletas, una pequeña toalla y los productos higiénicos necesarios.
Pareo. Por su versatilidad es altamente recomendable a ambos sexos. Sirve de toalla, de sábana y de funda de almohada, para protegerse del sol, y especialmente a las mujeres, les es muy útil en las duchas o incluso para vestirse. Debe ser de algodón 100% pues así se seca de inmediato y no pesa nada.
El botiquín. Debemos tener presente que en los albergues hay un completo botiquín a disposición de los caminantes, y además encontraremos muchas farmacias a lo largo del camino. Por tanto, será suficiente con llevar; aspirinas, agujas hipodérmicas, desinfectante, tijeras, gasas, pinzas y esparadrapo (de tela y ancho).
El móvil. Es prescindible, pero si se viaja solo será un importante elemento de seguridad.
Documentación básica. El DNI, la tarjeta de la seguridad social o entidad médica correspondiente, y la credencial del peregrino.
Otro material. Una pequeña linterna frontal para movernos de noche en el albergue, una funda de cojín por cuestiones higiénicas, detergente para lavar la ropa, pinzas para colgarla y imperdibles para colgarla de la mochila si todavía no está seca. También una cantimplora, pañuelos de papel, papel higiénico, un reloj con función de despertador, tapones para los oídos para quien lo crea conveniente, y dinero y tarjeta de crédito.
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Los problemas físicos |
Las ampollas. Es el percance más común en el ámbito peregrino. Puede llegar a ser muy molesto, aun cuando no deja de ser, en principio, un problema leve. Se produce por el constante rozamiento de la piel con los calcetines, y aparecen habitualmente durante las primeras jornadas. Los consejos para evitarlas se cuentan por decenas, pero son de dudosa efectividad. De todas formas, hay tres consideraciones importantes para intentar evitarlas: la calidad de las botas, haber andado mucho con ellas y que los calcetines no tengan costuras ni componentes sintéticos. Ya en el camino también merece la pena tener algunas precauciones: andar siempre con las botas y los calcetines secos, y poner tiritas o apósitos en las zonas de mayor rozamiento antes de que aparezca la ampolla. Algunas personas se untan los pies con vaselina o alguna crema hidratante antes de empezar la etapa. Si aun así aparece una ampolla, cosa muy probable, deberemos pincharla con una aguja hipodérmica esterilizada (con cuidado de no tocar la carne viva), drenar completamente el líquido interior y acto seguido secarla con alcohol o bien ponerle un desinfectante. Después deberemos mantener los pies limpios y secos, y al día siguiente, antes de empezar la etapa, proteger la ampolla con una tirita. La piel muerta de la ampolla protege de infecciones, por lo tanto nunca debe arrancarse. Si una ampolla se infecta debemos dirigirnos a un servicio médico a la mayor brevedad posible.
La tendinitis. . Algunos dolores musculares sin importancia, como suelen presentarse de forma intensa y persistente, se confunden a veces con una tendinitis, cuando en realidad no lo son. La tendinitis, o sea, la inflamación de un tendón, aunque en la fase inicial se puede tratar con antiinflamatorios, es un problema importante y posiblemente nos obligará a abandonar el camino dado que requiere un tratamiento prolongado, que incluso puede durar meses. Las causas principales de la aparición de la tendinitis son: la sobrecarga en las articulaciones por exceso de peso de la mochila (o por andar cojo por culpa de las ampollas), la falta de preparación física, el exceso de kilómetros, y la deshidratación producida por el calor o por no haber ingerido suficientes líquidos.
La deshidratación. En su grado más extremo puede provocar el golpe de calor, de consecuencias muy graves. Debemos evitar andar durante las horas de más calor, protegernos del sol con un sombrero, beber agua muy a menudo, aunque no tengamos sed, y hacer etapas cortas los días de calor intenso.
Otros problemas físicos. Debemos tener mucha precaución con las quemaduras. Para prevenirlas usaremos una crema solar con un factor de protección adecuado. El agotamiento físico también es a menudo causa de abandono y para evitarlo es necesaria una buena preparación previa, no excederse en los kilómetros diarios y hacer una alimentación energética. Las agujetas, los calambres y los dolores musculares son habituales durante las primeras jornadas, y se pueden mitigar haciendo estiramientos antes de empezar y al acabar cada etapa. La pérdida de peso en las caminadas de larga distancia es habitual, pero debe ser moderada. Las picadas de insectos se pueden evitar usando repelentes.
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Algunos consejos |
La preparación física. El Camino de Santiago no es un paseo exento de dificultades. Es cierto que, en principio, es factible para cualquier persona, tanto para aquellos que están acostumbrados a andar como para aquellos que no lo están. De todas formas, el sentido común no debe dejar que perdamos de vista que el esfuerzo que supone una peregrinación de este tipo requiere de unas condiciones físicas determinadas y que, por lo tanto, es necesaria una buena preparación previa, independientemente del punto en el cual iniciemos el camino. Recorrer a pie centenares de kilómetros día tras día no es trivial.
La preparación física es uno de los aspectos más importantes para lograr que la peregrinación sea un éxito. No sólo para tener la satisfacción de haberla podido acabar, sino también para disfrutarla y, así, conseguir que se convierta, posiblemente, en una de las vivencias más gratificantes de nuestra vida. Una mala preparación, producto de la improvisación, puede obligarnos a abandonar, o lo que todavía es peor, puede convertir cada etapa en un padecimiento. Sin duda, la mejor manera de prepararnos es andando en condiciones similares con las que nos encontraremos. Por ejemplo, hacer excursiones por alguna zona de montaña que conozcamos bien, con el mismo calzado, indumentaria y mochila con la que iniciaremos el camino. También debemos cargar la mochila con el peso aproximado que pensamos llevar. Será conveniente realizar varias excursiones, a lo largo de las cuales iremos incrementando los kilómetros. Así, además de ponernos en forma, podremos determinar de qué forma reacciona nuestro cuerpo en estas circunstancias, también si el calzado es el adecuado, si el peso es excesivo, etc.
El peso de la mochila. El peso de la mochila es, a parte de la preparación física, el aspecto más importante a tener en cuenta antes de salir. Es necesario reducirlo al mínimo posible, intentando que no supere el 10% o 12% de nuestro peso corporal. En ningún caso debe superar los 10 kilos, sumando el peso del agua. A pesar de que todos los libros y guías del camino advierten de este hecho, son muchos los peregrinos que deben facturar a casa parte del material, en algunos casos después de haber recorrido tan solo una o dos etapas. Por lo tanto, debe evitarse llevar nada 'por si a caso'. Debemos tener presente que a lo largo de camino encontraremos todo tipo de tiendas dónde podremos comprar aquello que nos haga falta.
La sujeción de la mochila. Este es un factor importante para evitar tanto la acumulación del cansancio, como la excesiva carga en la espalda y los hombros. Para una correcta sujeción, primero aflojamos al máximo las cintas que se cuelgan a los hombros. Después desplazamos la cinta de la cintura a la altura del hueso de la cadera, teniendo en cuenta que una vez bien apretada nos sea posible tocar con los dedos el hueso por encima de la cinta. Apretamos fuerte esta cinta de la cadera, y ajustamos las cintas de los hombros sin tensarlas, de tal forma que podamos poner sin dificultad los dedos entre estas cintas y el cuerpo. De esta manera conseguimos que la mayor parte del peso de la mochila se cargue directamente sobre las piernas, liberando considerablemente espalda y hombros.
La época del año. Cualquier época del año es buena para emprender el camino. De todas formas, los meses de abril, mayo, junio, septiembre y octubre son los más recomendables, dado que la mayor parte de los albergues están abiertos y la climatología suele ser más favorable. En julio y agosto el calor es intenso y, además, es más frecuente encontrar los albergues llenos, especialmente en Galicia. El invierno presenta algunas dificultades importantes: algunos albergues y otros servicios están cerrados; es necesario cargar con un buen saco y ropa más pesada; hay pocas horas de sol; algunos albergues no disponen de calefacción; y el clima es muy duro en determinadas zonas de Castilla. Así mismo, esta es la mejor época para quien busca soledad y reflexión.
La alimentación. El coste energético es muy superior al de la vida cotidiana, así pues, es necesario compensar esta pérdida con una buena alimentación. Lo más aconsejable es empezar con un buen desayuno, después a lo largo de la etapa tomar alimentos ligeros y energéticos, y hacer el ágape más fuerte al final de día, una vez acabada la etapa y ya más descansados.
Las primeras etapas. Deben ser moderadas, tanto en distancia como en ritmo para ir acostumbrando el cuerpo a la nueva vida itinerante. Hacer 35 o 40 kilómetros el primer día es fácil, lo difícil será levantarnos al día siguiente y retomar la marcha. Por lo tanto, son estos 4 o 5 primeros días los más delicados, y en los cuales es normal sufrir dolores musculares, especialmente en las piernas, espalda y hombros.
Los peligros de la carretera. Siempre que andemos por carretera o tengamos que atravesarla, debemos ir con mucha precaución. No podemos olvidar que el peso de la mochila y el agotamiento retardan los movimientos en caso de necesitar una reacción rápida. Siempre se debe andar por la izquierda para tener a la vista los coches que circulan más cerca de nosotros y, además, se debe andar cuanto más alejado de la calzada mejor. En el Camino Francés, afortunadamente, hay pocos tramos de camino que vayan por carreteras con tráfico.
Andar de noche. Es poco aconsejable y, en todo caso, se debe llevar ropa reflectante para que los automovilistas vean claramente nuestra posición.
Coche de apoyo. Excepto en el supuesto de un impedimento físico importante, es innecesario y desaconsejable disponer de un coche para transportar las mochilas. El principal motivo es que limita la libertad de decidir en cada momento dónde hacer noche, y la libertad de ir haciendo las cosas según vayan surgiendo sin depender de unos condicionantes que no forman parte del propio camino. Además, el cuerpo se acostumbra en pocos días a andar con el peso de la mochila y, si este no es excesivo, no supone un esfuerzo demasiado superior al hecho del andar sin este peso. Como es lógico, en la mayoría de los albergues se da prioridad de plaza a los que van a pie o en bicicleta respeto a los que llevan coche de apoyo.
La señalización. Todo el recorrido está señalizado con numerosas flechas amarillas. A veces se añade otra simbología según la comunidad autónoma o provincia. Así pues, es poco frecuente perderse. De todos modos, si esto pasara, tan solo es necesario un poco de tranquilidad y paciencia hasta reencontrar el camino. Además, en último extremo, siempre habrá alguna carretera que nos permita llegar al siguiente pueblo.
¿Qué camino elegir?. El auténtico Camino de Santiago, y el más fiel a la esencia de las antiguas peregrinaciones, es aquel que empieza en la misma puerta de nuestra casa. Pero es obvio que hoy en día, para muchas personas, las obligaciones laborales y familiares limitan el número de días disponibles para andar. Además, los caminos menos concurridos suelen presentar algunas dificultades importantes; carencia de albergues y de alojamientos, señalización austera, largas distancias entre poblaciones, soledad, etc. Así pues, para los más neófitos no hay duda; el camino más adecuado para una primera toma de contacto con el mundo peregrino es el Camino Francés (ver
caminos principales). Este es el camino más asequible, por la gran cantidad de albergues, alojamientos y servicios, por la poca distancia entre la poblaciones, por la buena señalización, por los numerosos peregrinos que encontraremos, etc. También, el Camino Francés, es el más rico en monumentos, historia y cultura. Para aquellos que ya hayan recorrido este camino, y por lo tanto tengan algo de experiencia, el número de otros caminos interesantes para andar es casi ilimitado; el Camino Aragonés, el Camino del Norte, el Camino de la Plata, el Camino Catalán, etc.
¿Empezar desde Roncesvalles o desde Saint Jean Pied de Port?. Para aquellos que quieren hacer el Camino Francés esta es una duda habitual. La etapa de Saint Jean a Roncesvalles es la más dura de todas, no tanto por la distancia como por el fuerte desnivel, superior a los mil metros. Así pues, para quien no esté avezado a las largas caminadas por la montaña es aconsejable no arriesgarse y salir desde Roncesvalles, haciendo etapas suaves los primeros días. Para los más montañeros y mejor preparados no hay duda que sí vale la pena salir desde el precioso pueblo del País Vasco francés y recorrer una espectacular etapa que cruza los Pirineos.
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© 2006 Associació d'Amics dels Pelegrins a Santiago - Barcelona
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